
Cada año la ciudad suiza a orillas del Rin se convierte durante una semana en la meca de la relojería y la joyería mundiales. La feria de Baselworld de Basilea reúne a la crema de las empresas del sector. La gran cita internacional del lujo, que abrió sus puertas el 26 de marzo, inicia su andadura marcada por el signo de la crisis, entre incógnitas y grandes esperanzas.
En estas fechas es imposible encontrar una habitación de hotel en Basilea. Ni siquiera en los numerosos barcos-albergue que flotan serenos en el Rin. Las esperas en los restaurantes pueden alcanzar fácilmente una hora y media. Los servicios de taxis están saturados.
Y es que la ciudad vive la feria de todos los superlativos que reúne hasta el 2 de abril a expositores, coleccionistas, hombres de negocios y curiosos llegados de todo el mundo. Una auténtica inmersión en un mundo de ensueño capaz de producir mareos al más pintado.
La plaza de Messe es el epicentro de esta cita de millonarios y mujeres despampanantes que se pasean por el inmenso salón de exposiciones. Un espacio donde las marcas de leyenda presentan estands que compiten entre sí en términos de lujo, diseño y originalidad.
Rolex, Cartier, Blancpain, Swatch o Chopard atraen al visitante con sus últimas creaciones, mientras que a la puerta de las selectas oficinas esperan elegantes hombres de negocios para realizar las listas de pedidos que llevarán los relojes suizos hasta las tiendas de Dubai, Singapur o Río de Janeiro.



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