
El carnaval de Basilea figura entre las costumbres populares más grandes y costosos de Suiza. Los ceremoniales de esa cabalgada consisten en varios actos suntuosos como el así llamado Morgenstreich, que significa literalmente la «jugarreta matutina», porque los grupos que toman parte en el acto festivo inician su trayecto carnavalesco por las calles del centro a horas muy tempranas, despertando con sus pífanos, trompetas y tambores a los que todavía están en la cama durmiendo.
El documento más antiguo, que acredita la primera mención del “carnaval malvado”, data del año 1376, cuando, a pocos días de miércoles de ceniza, el duque Leopoldo de Austria provocó un tumulto sanguíneo en la ciudad de Basilea. A partir de 1529, pocos años después de la exitosa divulgación de la Reforma luterana en tierras suizas, el Común decidió postergar el carnaval a la semana después de miércoles de ceniza.
En 1832 fue cuando los primeros cantores populares se manifiestaban, cuyos predecesores eran los pregoneros de panfletos y pasquinos del siglo XVI. Hasta el día de hoy se ha conservado esa tradición antigua de cantar coplas satíricas y burlescas, interpretadas por distintos pregoneros en diversos locales de la ciudad durante las festividades nocturnas.
Esos juglares modernos son acompañados por sus camaradas de chanza que exponen sus caricaturas y dibujos fanfarrones –que suelen poner en solfa los políticos– para gran regocijo del público local.
En 1835 fue la primera vez que se celebró el «Morgenstreich» con la autorización del Ayuntamiento. En 1910 se fundó un comité imparcial que velaba por los intereses de los participantes activos de las asociaciones carnavalescas.
Desde 1911 se venden «plaquetas» para financiar los desfiles. El Estado no subvenciona el carnaval, tampoco se mete en lo que a la organización de los actos festivos se refiere, pero sí se reserva el derecho de intervenir con medidas policiales si el desfile no se lleva a cabo debidamente. Las bandas carnavalescas son autónomas, tienen que procurar ellas mismas los recursos para financiar la organización de sus cabalgatas.
Un rasgo muy peculiar del carnaval basilense es la típica música (Guggenmusig) de sus bandas sonoras, que tocan los timbales con tonos disonantes, y cuya primera aparición en los periódicos fecha del año 1923. Desde entonces los músicos «Guggen» tienen sus conciertos en el centro de la ciudad cada año.
Hasta ahora el carnaval de Basilea se ha celebrado casi todos los años, excepto los años de las dos Guerras Mundiales y en el año 1920, cuando se tuvo que postergar las festividades por un plazo de cuatro semanas debido a una devastadora epidemia de gripe.



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