Suiza tiene una larga y rica tradición teatral. Basilea, Berna, y Zúrich ofrecen producciones con nombres que van más allá de las fronteras. Lo mismo es válido para Ginebra. Los grandes teatros, con o sin orquesta, o los conjuntos de ballet, acaparan gran parte de los presupuestos de sus respectivas ciudades. Hay sin embargo numerosos pequeños teatros, a veces especializados en el repertorio clásico, en la comedia o en las producciones marginales.
A pesar del clima inclemente Suiza ofrece también una abundante producción de obras al aire libre. Hay representaciones al aire libre de producciones como Guillermo Tell, en Interlaken, o del Gran Teatro del Mundo, de Calderón, en Einsiedeln, sin olvidar la Fiesta de los Viñadores, en Vevey, que celebra la vida bucólica de los cultivadores de la vid en los alrededores del lago Lemán.
La mayor parte de las obras y producciones tienen raíces regionales o lingüísticas. No obstante, un escritor como Friedrich Dürrenmatt trascendió estos límites y logró un renombre mundial como dramaturgo.



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