
La historia relata que el 22 de enero de 1506 se fundó en Roma la Guardia Suiza Pontificia, que es el ejército más antiguo y pequeño del mundo.
Su historia está marcada por actos heroicos, pero también por episodios sombríos y dolorosos. Su llamativo uniforme de gala – diseñado, según cuenta la leyenda, por Miguel Ángel – acapara inmediatamente la atención.
Los suizos, que llevan un casco de acero adornado con una pluma de avestruz y en las manos una antigua alabarda, parecen salidos de una película histórica sobre el Renacimiento.
El minúsculo ‘ejército del Vaticano’ es el primer vestigio de la larga tradición de la emigración militar helvética. Obligados a abandonar su país debido a la pobreza, muchos suizos decidían alistarse como mercenarios al servicio de las grandes potencias, una actividad que suponía una importante fuente de ingresos.
En los campos de batalla se forjaron una sólida reputación de soldados fieles e invencibles. Hasta tal punto que el Papa Julio II los eligió para su defensa personal. Los primeros 150 soldados suizos se entregaron con abnegación al servicio del jefe de la Iglesia Católica, sin escatimar ningún peligro.
Así lo demostraron cuando se produjo el Saqueo de Roma, el 6 de mayo de 1527: unos 147 guardias suizos murieron por defender al Papa Clemente VII de los ataques de ‘lansquenetes’ (mercenarios) al servicio del emperador Carlos V de Alemania y I de España.
La guardia conmemora todavía hoy el 6 de mayo, fecha heroica y trágica a la vez. Es el día en que los nuevos reclutas juran fidelidad al Santo Padre. Cabe señalar que la guardia suiza pontificia estuvo a punto de desaparecer en 1970, cuando Pablo VI decidió suprimir todos los cuerpos militares del Vaticano. Pero el Pontífice hizo una excepción en el caso de la pequeña tropa helvética.
Según el reglamento, revisado por Juan Pablo II en 1979, la guardia cuenta hoy con 110 soldados. Además de cumplir el servicio militar y de honor, sus miembros controlan los accesos a la Ciudad del Vaticano, vigilan el Palacio Apostólico y aseguran la protección del Papa.
Durante el papado de Juan Pablo II – quien amaba las grandes muchedumbres – la guardia demostró coraje para protegerlo de las muestras de afecto a veces excesivas por parte de los feligreses. Pero también para protegerlo de quienes quisieron atentar contra su vida, como el turco Ali Agca, el 13 de mayo de 1981



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