
Situada a unos 40 minutos de Basilea y de Viena, la capital del Cantón del Jura y su región presumen de vivir el verano más cálido del Jura. Desde los valles hasta las colinas, los ríos se han ido abriendo camino erosionando las rocas y dando vida a imponentes gargantas.
No se puede perder las obras de arte que se conservan en los museos, en las galerías y en las iglesias, que incrementan el atractivo de esta antigua ciudad, además de alguna particularidad regional.
Jura es la sede principal de la tradición relojera suiza, el Arco del Jura se presenta, desde Ginebra hasta Basilea, como una sola identidad formada por varias regiones: el Vallée de Joux y el Jura de Vaud, el Pays de Neuchâtel, el Seeland de Viena, el Jura bernés y el Jura.
Acérquese a la cultura y a las costumbres del Watch Valley: el viaje que realizará en el tiempo visitando los museos de la “Route de l’Horlogerie” (Ruta de la relojería) representará una emoción única. Aventúrese al descubrimiento de los lugares naturales y visite las atracciones turísticas: como podrá observar, aquí las tradiciones siguen estando muy vivas.
Tanto en verano como en invierno, disfrute de momentos de relax en un centro termal, o si lo prefiere, de rienda suelta a la evasión, aprovechando los generosos lagos, montañas y valles: pasee a pie, en bicicleta, a caballo, en mountain bike, haciendo esquí de fondo o de raqueta.
Para recuperar las energías, deguste las especialidades de la región sentado en una buena mesa, tal vez en una característica cantina, en las orillas de un lago, en un caserío que elabora quesos, o bien en un refugio en la cima de una montaña y descubra así las joyas del paladar de esta tierra: el Tête-de-Moine y el Vacherin Mont-d’Or, dos quesos autóctonos, el Damassine, una especie de aguardiente extraído del fruto de un árbol de la región, y la absenta.



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