Desde el pasado jueves los cantones suizos católicos comenzaron a vivir al ritmo de los carnavales de invierno, con disfraces, máscaras y bandas de música, un buen antídoto para olvidar la crisis y despedir un largo invierno. Una tradición muy helvética que remonta a las festividades primaverales paganas de la época antigua.
El primero en animar el ambiente y comenzar a celebrar el final inminente del invierno ha sido el de Lucerna con su tradicional «Fritschi-Fasnacht», cuyos orígenes remontan a la Edad Media. Comenzó a las cinco de la madrugada del Jueves Sucio con el estallido de cohetes y la llegada de la familia Fritschi y sus sequitos.
Pero es el carnaval de Basilea que destaca como el más popular, más grande y costoso del país. Los ceremoniales consisten en varios actos solemnes como el así llamado Morgenstreich, que significa literalmente la «jugarreta matutina», porque los grupos que toman parte en el acto festivo inician su trayecto carnavalesco por las calles del centro a horas muy tempranas, despertando a la ciudad con sus pífanos, trompetas y tambores.



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